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¿Qué está pasando en Francia?

Autor/fuente:Ana Cristina Bracho en misionverdad.com  (08-01-2019)

Existe un país en nuestro imaginario, donde una mujer con el pecho descubierto ondea una bandera tricolor y vence el absolutismo. Donde todos los niños saben hablar francés, los hombres cargan panes debajo del brazo y la gente vive enamorándose en una ciudad en la cual, desde cualquier ventana, se ve la torre Eiffel. A ese lugar, imaginario y feliz, nosotros le decimos Francia y creemos que queda en el corazón de Europa.

La verdad es infinitamente más complicada y nos llevará a un país donde las desigualdades sociales han crecido aceleradamente, al igual que la islamofobia, y donde más de uno mira con nostalgia preguntándose dónde está, incluso si alguna vez existió, ese país de los derechos del hombre y esa ciudad que servía de refugio a los poetas, a los pintores y a los desdichados más admirados del tiempo que ya pasó.

Francia tiene un par de semanas ardiendo y todavía es un poco pronto para hacernos una conclusión sobre las consecuencias de estas luchas, qué factores hacen que utilicen métodos que a la distancia se parecen a las protestas en guión cinematográfico que vimos en Caracas o en Nicaragua, pero esta es una razón perfecta para entrar a mirar el país, fuera de la foto, de los trabajadores precarizados, de los árabes maltratados, de los miles de deportados que no salen en las fotografías.

Un país, que pasa de su tradicional esquema político cuando casi gana la extrema derecha y ahora está gobernado por un sujeto extraño, más parecido a Trump que a cualquiera de sus predecesores, en medio de grandes escándalos de violencia y corrupción, que logra más interés en su vida de pareja con su antigua maestra que lo que antes logró Sarkozy con su modelo y cantante italiana que le acompañaba en el Eliseo. Es este el propósito de este artículo: un breve mapa para pensar Francia desde adentro.

El terrorismo al acecho
Hace 60 años, el 4 de octubre de 1958, inició en Francia la Quinta República. Este es el tiempo histórico que nace con la entrada en vigencia de una Constitución de esa misma fecha y en el que se han sucedido en el poder, en un esquema semi-presidencialista, ocho presidentes, entre los cuales el más célebre fue sin duda el líder de la resistencia Charles de Gaulle.

El presente político en Francia está marcado por varias preocupaciones, las cuales fueron medidas en 2017 por el portal de estadística Statista, arrojando que al 38,1% de los franceses le preocupaba el terrorismo y al 31% el desempleo, para luego dejar un margen muy grande de distancia de temas que les afligían.

Si la principal preocupación de los franceses en ese momento era el terrorismo es porque el período presidencial de Francois Hollande fue marcado por atentados de gran envergadura, los cuales tuvieron lugar mayoritariamente entre 2015 y 2016.

El ataque a la revista satírica Charlie Hebdo ocurrido el 7 de enero de 2015 fue un momento donde las redes se unieron en rechazo de lo ocurrido y Francia se vio sometida a una situación de enorme complejidad, dado que este periódico es conocido por su intolerancia, que le ha valido un histórico cuestionamiento sobre su racismo pero también era un símbolo de hasta dónde llega -o no- la libertad de expresión en el territorio galo.

La consecuencia mediática fundamental fue una campaña enorme bajo el lema de "Je suis Charlie" que se mantuvo en el sentimiento francés durante mucho tiempo como una expresión de reivindicación nacionalista. Incluso, al día de hoy, según datos del diario El País, el 61% de los franceses declara seguir "sintiéndose Charlie".

Las dudas sobre qué significa sentirse Charlie no han sido un tema menor, en tanto, más allá de oponerse al terrorismo o defender la libertad de expresión, varios sectores han dudado si esto reivindica el rechazo de los franceses a los musulmanes y es tan sólo un auge de islamofobia que es hoy el motor más importante para evitar la inmigración o cuestionarle a los musulmanes la capacidad de integrarse manteniendo su religión a la vida en ese país.

La verdad es que la población francesa-musulmana es grande y su crecimiento les preocupa tanto a los galos como a los norteamericanos la llegada y permanencia de latinoamericanos. Pues hoy en día ascienden a 5 millones de musulmanes (6% de la población), con 2 mil 449 lugares de culto al Islam, 64 mezquitas con minaretes, levantadas gracias a una importante financiación extranjera; un 80% de los 1 mil 800 imanes en suelo francés son extranjeros, donde hay 15 mil salafistas, 2 mil yihadistas entre ellos; 4 mil franceses se convierten al Islam cada año y el consumo de comida Halal movió en 2013 cerca de 5 mil 500 millones de euros.

Desde el punto de vista de las consecuencias concretas del atentado, los hermanos Said y Cherif Kouachi, autores del ataque al semanario satírico Charlie Hebdo, fallecieron en una operación de las fuerzas especiales francesas y se activaron mecanismos para reforzar el marco antiterrorista del país. Así, una semana después de lo ocurrido, el entonces primer ministro de Francia, Manuel Valls, declaró que su gobierno se disponía a adoptar medidas "excepcionales" en su lucha contra el terrorismo, pero no "de excepción", las cuales consistían principalmente en cambiar las condiciones penitenciarias de quienes pagaban penas por asuntos relacionados con el terrorismo y ampliar los controles y registros de las personas para detectar tempranamente hechos sospechosos.

Las medidas no fueron suficiente y siguieron los meses siguientes impactando a los franceses con el sentimiento de la debilidad de su Estado y el acecho a su país, que se mantuvo mediante pequeños pero recurrentes actos en ciudades menos relevantes y alcanzó sus picos con la realización coordinada de seis ataques en salas de espectáculo de París (ataque al Bataclan) que dejaron un total de 120 muertos y 300 heridos; así como con el arrollamiento masivo en Marsella, en el marco del 14 de julio, en el que murieron 84 personas que disfrutaban de un área de esparcimiento de la famosa costa azul.

Estos eventos cambiaron la manera de sentirse de los franceses y la manera de actuar del Estado que generan que el país se mantenga en niveles altos de alerta en los planes de Vigipirate, lo que conllevó la puesta en alerta a los servicios de emergencia y las fuerzas del orden; se reforzó el control de personas; se intensificaron los controles por explosivos; se incrementó la participación de las fuerzas armadas en las tareas de vigilancia; se prohibió estacionar cerca de centros educativos y se activaron células de crisis en ministerios y administraciones públicas.

Del mismo modo, esto ha servido para un crecimiento sostenido de la extrema derecha en Francia desde 2010, la cual inspirada en los grupos alemanes e italianos, se muestra cada vez más dispuesta a realizar acciones de rechazo contra lo que estiman impuro y que ha sido el origen de múltiples actos de desorden público.

Por lo pronto, estos son grupos que se mantienen al margen de la participación política tradicional y que operan principalmente en línea donde logran la afiliación o simpatía de personas que no necesariamente militan abiertamente. Pese a que esta es la versión más difundida, hay que tomar en cuenta que muchos de estos movimientos mantienen su cara visible en el movimiento del Front National -denominado desde junio de este año Rassemblement National (RN)- que no los adopta abiertamente, porque considera contrario a sus intereses de propaganda estos actos extremos.

El crecimiento del rechazo a una parte de la población, en virtud de su religión u origen étnico, no suena como un hecho compatible con el ideal de solidaridad y fraternidad que inspira la nación gala, pero es una indiscutible y palpable realidad. De igual forma, siendo el terrorismo un hecho creciente y asociado -al menos por la prensa- casi exclusivamente a los musulmanes y dejando a segundo plano los hechos cometidos por la extrema derecha, Francia ha avanzado hacia una secularización de su sociedad que ha limitado los derechos civiles, simplificando los trámites judiciales para detener personas, los requisitos administrativos para deportarlos y finalmente entrando al corazón de las ideas humanistas de las que tanto se habla.

¿Por dónde va la ley del trabajo?
Francia es un país con más de 60 millones de habitantes, de los cuales la mayoría experimenta una edad avanzada y comienza a haber una presión alta sobre el sistema de pensiones en virtud de la mayor longevidad de la población, así como su mayor inserción laboral en las décadas anteriores.

De igual forma, es un país europeo con una tasa de desempleo relativamente alta para la media, pues ha mantenido alrededor del 10% de su población en paro en los últimos años, al lado de países como Alemania donde el número no llega al 5%.

Ahora bien, en parte justificando las medidas en la necesidad de esquemas que permitan la rentabilidad y bajar las tasas de desempleo local, se dieron en Francia 17 reformas legales en perjuicio de la protección del empleo entre el año 2000 y 2013. A las cuales se le suman dos reformas mayores en 2016 y 2017.

Así, Hollande dejó el poder tras una intensa situación en la cual logró complacer a Bruselas cambiando el régimen laboral pese a la negativa de la Asamblea Nacional francesa y procediendo a terminar de facto principios sagrados de la izquierda, como el horario laboral legal de 35 horas semanales, la posibilidad de pagar horas extras por debajo del valor fijado en el acuerdo sectorial si la empresa y comité sindical lo aceptan. Así como, finalmente, admitiendo despidos colectivos, con indemnizaciones rebajadas, por dificultades económicas de las empresas.

Adicionalmente, en el año 2017 el gobierno Macron, con una profunda reforma laboral caracterizada principalmente por simplificar aún más los despidos, estimados ahora en un régimen low cost por lo poco onerosos, que se han convertido en comparación a lo que antes significaban por las garantías sociales de las que beneficiaban los franceses. De esta norma se agarraron importantes firmas francesas para reducir sus plantillas, siendo noticia su utilización por Peugeot-Citroën, Pimkie, Société Générale, Le Figaro, entre otras.

La implementación de esta reforma está basada en la creencia neoliberal de que la flexibilidad es la base de un mejor desarrollo personal así como la fórmula para una mayor rentabilidad de las empresas, dejando de lado la calidad de vida y la tranquilidad asociada a la estabilidad laboral.

Migrantes en centros de detención
Según lo definido por la ONU​ en 2010, la inmigración en Francia es de 7,2 millones de personas, o el 11.1% de su población, incluidos 5.1 millones (7.8%) quienes nacieron fuera de la Unión Europea. Por ello, Francia ocupa el sexto lugar en el mundo por número de inmigrantes, por detrás de Estados Unidos, Rusia, Alemania, Arabia Saudita y Canadá (7.2).

En estos últimos años, con las grandes oleadas de inmigrantes que han venido desde el Mediterráneo, Francia ha experimentado reformas migratorias y polémicas sobre el trato que se les da a los extranjeros así como visto surgir la política antimigratoria como un ala importante de los sectores nacionalistas, de centro o de derecha. Uno de los temas más recurrentes está en relación con los asentamientos de personas y su detención preventiva, así como los cuestionamientos a las organizaciones que los apoyan.

La victoria electoral de Emmanuel Macron el año pasado sobre Marine Le Pen, del ultraderechista Frente Nacional, fue leída por algunos analistas como una señal de que Francia no se dirigía hacia una legislación y una práctica administrativa xenófoba, sin embargo, Macron ha propuesto una ley considerada extremadamente dura destinada a evitar la migración hacia el hexágono.

Aprobada pese al rechazo de la izquierda, en agosto, el objetivo principal de la ley es reducir el tiempo de tramitación de las solicitudes de asilo de once a seis meses. Esta reducción tiene como fin facilitar la deportación de aquellos que son rechazados, y mejorar la protección de las personas cuyas solicitudes hayan sido aceptadas. Complementariamente, también se reduce el límite de tiempo para que un extranjero presente una solicitud de asilo, que pasa de 120 a 90 días.

Los escándalos del presidente
En este escenario no es una verdadera sorpresa que la popularidad de Emmanuel Macron no sea muy impresionante. Por el contrario, con todo y el bienestar que produce haber ganado la Copa Mundial de Fútbol de la FIFA, o que, al menos de manera virtual, el movimiento laboral que produce la lógica del trabajo menos oneroso para las patronales haya hecho caer la tasa de desempleo, según los datos publicados en el país, Macron es el presidente menos popular de toda la Quinta República. El tema es tan intenso que el Paris Match decía que el joven presidente ha batido todo un reto porque ninguna gestión ha sido tan pobremente valorada como la suya.

Para entenderlo, quizás haya que considerar que Macron no es un personaje habitual para ocupar el Eliseo pese a haber sido ministro antes de ser presidente, o conocer que su vida personal ha estado enmarcada por los escándalos. Sobre ellos, además del cuestionamiento que recibió por el nombramiento del cónsul francés en Los Angeles o la renuncia de su ministro de ambiente, podemos referir algunos importantes episodios.

El primero fue la filtración de una grabación, que data del pasado 1° de mayo, muestra a Alexandre Benalla, el hasta hace poco jefe de seguridad de Macron, con un distintivo de policía y una máscara antidisturbios, mientras reparte golpes, manotazos y empujones a dos manifestantes en el céntrico Barrio Latino de París.

De igual forma, su relación con Donald Trump, desde los capítulos de idilio del mes de abril hasta las recriminaciones más recientes, le han valido una imagen de sumiso ante la opinión pública francesa que cuestiona las alineaciones de Estados Unidos y Europa contra Rusia pese a los propios intereses galos.

En este marco, en octubre de 2018, el comportamiento errático de Macron fue objeto hasta de una discusión contada entre el presidente y su esposa, Brigitte, quien le recriminó su propensión a cometer estupideces y desconocer el protocolo usual de los presidentes franceses. La cual tuvo lugar en el marco de una importante crisis derivada de unas fotos consideradas impropias para un presidente que fueron publicadas en los medios.

Una escena complicada
Con estos elementos, tan solo como un breve recuento de los hechos que se han venido suscitando en la escena política y social francesa, nos encontramos con un país que se encuentra en un momento de gran dificultad. Estando, como está este momento en Europa la reconsideración sobre las ideas que fundaron a la Unión Europea, es quizás más fácil entender que haya una tendencia importante a valorar cuál destino debe seguir el país.

Algunas de las explicaciones más sumarias de qué generó las protestas de los últimos días las entiende enmarcadas en la frase "Trop de taxes et pas assez de redistribution" (demasiados impuestos sin suficiente redistribución); otras, en el aumento sostenido del combustible, y finalmente en la precariedad económica de los hogares de clases medias y pobres. Los cuales existen y vienen aumentando en Francia, al menos desde el ingreso del país a la supraestructura europea.

Sin ninguna intención de hacer valoraciones sobre lo que ocurre en el presente o cuál será el destino de las protestas, es importante tener en cuenta que en Francia han ocurrido hechos como estos en algunos momentos, como los disturbios del año 2005, cuyas reivindicaciones fueron casi imposibles de adoptar en buena parte por las presiones de la Unión Europea y su capacidad casi ilimitada de condicionar los gobiernos nacionales que se presentan, a todas luces, como estructuras debilitadas y solo relativamente soberanas.

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